Mauricio Molina, ex Deportivo Independiente Medellín

Mauricio Molina: «Estar en la historia del Medellín tiene un valor inmenso para mí»



Mauricio Molina participó de un entretenido Instagram Live con el periodista Juan Felipe Cadavid, en el que los dos seguidores del Deportivo Independiente Medellín intercambiaron anécdotas y el exvolante se emocionó hasta las lágrimas.




Final de la Liga 2002-II contra Deportivo Pasto: “En estos días pasaron el juego en Pasto. Nos conectamos David Gónzalez, Choronta (John Javier Restrepo) y yo, escribiéndonos por WhatsApp. Ese día jugamos horrible, no le dimos tres toques seguidos a la pelota. Choro solo corrió detrás del balón, por ahí metió un caño que la verdad fue muy bonito. De resto… David Montoya y yo ni tocamos la pelota; el único que jugó bien arriba fue Tressor Moreno, que se la bancó él solo”.

Roberto Carlos 'Choto' Cortés, John Javier 'Choronta' Restrepo, ex Deportivo Independiente Medellín

Sobre David González en el duelo de vuelta: “Le estábamos dando duro por algo. Todos los saques de meta eran largos, era puro juego directo ese día y no le puso ni un saque a alguno de nosotros. Era para afuera o a los defensas de Pasto, pero hizo unas salvadas impresionantes”.

Cómo superaron la crisis previa al arribo del director técnico Víctor Luna: “Gracias a la mano del entrenador. Cuando vos no estás bien en un proceso, la gente no alcanza a conectarse con las ideas y lo que quiere un entrenador, el equipo se desconecta. No soy amigo de eso que dicen que el jugador se le paró al entrenador, entonces lo quería sacar. Simplemente es una desconexión, no hay credibilidad en el proceso ni en lo que el entrenador te quiere transmitir y hay una división involuntaria, los resultados no se dan. Empezás a perder, la gente busca culpables y es una bola de nieve: salís en tanqueta y no le podés dar la vuelta. Cuando viene Víctor, él descomprimió todo eso. Llegó, hizo grupo, empezó a meternos en la cabeza que éramos los mejores jugadores del país. Eso era lo que él decía y que nosotros teníamos equipo para romper esa racha de Medellín de 45 años. Víctor era un adelantado para la época y él nos empezó a hablar de conceptos que nunca habíamos escuchado y decías: ‘Este man está realmente loco’. Después ibas a la cancha, eso pasaba y te dabas cuenta que la mano del entrenador sí sirve”.

El secreto del DIM 2002-2003: “La clave para que se lograra lo que logró en su tiempo, que fue quedar campeones después de 45 años y hacer esa linda participación en Copa Libertadores, fue que era una generación muy contemporánea. Éramos muy amigos, no había esa división de veteranos y jóvenes. Éramos jugadores con personalidad, que en la cancha que salíamos lo hacíamos bien”.

Luis Amaranto Perea, Deportivo Independiente Medellín, Torneo Finalización 2002, campeón

Su anotación a Gremio en la Copa Libertadores 2003: “Lo hice porque estaba infiltrado. Contra Cerro Porteño, un paraguayo me metió una plancha y me fracturó el dedo gordo del pie. Tenía doble fractura, entrenaba así y era un dolor el berraco, para los partidos me infiltraban. No sabía si iba a jugar porque el día antes, en el reconocimiento de campo, entrené muy mal porque tenía mucho dolor y no me había infiltrado. Casi ni pude correr y tenía dudas de que Víctor me pusiera por eso. Víctor decide ponerme, me infiltran y eso le duerme a uno todo el pie. Cuando Jorge Horacio Serna me devuelve la pelota, yo pateé sin sentir el balón, como con miedo y por eso la pelota salió llovidita y se metió. Si hubiera estado bien, seguramente le hubiera pegado más fuerte y no sé si hubiera sido gol”.

Semifinal ante Santos: “Fue una decepción muy grande porque veía ese equipo y creía que podíamos ser campeones. A nosotros, Víctor desde el comienzo nos decía: ‘Vamos a hacer cosas grandes’. A medida que iba pasando, pensábamos: ‘Sí está pasando, este man se trae lo suyo’. Llegamos a ese partido con Santos y recuerdo que los primeros 20 minutos allá en Vila Belmiro fueron los únicos que vi que realmente sufrimos, el entorno nos sobrepasó. Éramos todos muy pelaos y en esos 20 minutos nos podían haber metido 2 o 3 goles fácilmente. Nosotros logramos aguantar y nos trajimos un 1-0.

Acá, después del gol de Tressor, yo dije: ‘Listo, estamos’. Cuando una falta de un costado, muy lejos, sin peligro, la tiran al área y le pegó a Alex (en el hombro). Se desvía y se mete. En otra jugada, Alex me decía: ‘Mirá la suerte que tenemos, no lo quise hacer, me pegó y se metió’. Él me decía: ‘Molina, no corrás más, estamos muertos’. Yo decía que era la oportunidad nuestra. Empezando el segundo tiempo nos hacen un gol y eso nos mató, fue muy difícil. Yo empaté, estábamos a 15 minutos para hacer un gol y llevarlo a los penales”.




¿Fue el mejor plantel que integró?: “Cuando vos recordás en el tiempo un equipo que no fue campeón, es porque algo bacano hizo, algo importante dejó y nosotros hicimos eso. En Sudamérica todavía mucha gente lo dice y recuerda: ‘Ve, el Medellín del gordo Montoya, Choto (Roberto Carlos Cortés), Choro, David, Tressor. Ahí vos decí que dejaste algo. Los resultados son muy importantes, ¿quién no hubiera querido ser campeón de esa Libertadores, levantar el trofeo y darle ese título a nuestro club? Pero cuando va pasando el tiempo y la gente se acuerda de esas cosas, eso te llena de orgullo de saber que marcaste una época, una era”.

Retorno al Poderoso: “Me proyectaba volviendo al equipo muy competitivo para poder aportar cosas buenas, pensaba estar afuera hasta los 32 años. Cuando llegué a Corea a los 29 años, me empieza a ir muy bien. Al año me compró Seoul y me hicieron contrato por 3 años. Tenía 30 años, contrato hasta los 33 y la situación económica era muy favorable. En el segundo año, con 32 años, meto la mejor temporada: quedamos campeones, fui segundo goleador, rey de asistencias, un equipazo. Me renuevan por 3 años, hasta los 35 y tenía que inclinarme por la parte económica o volver todavía competitivo. Lo económico pesó, yo estaba muy bien allá, mi familia estaba muy contenta y viví los mejores siete años de mi vida en Seúl. Volví a los 35, venía de una lesión y cuando volví, sentí que no era el mismo jugador físicamente. La presión, tal vez la gente pensaba que volvía el Mao del 2003, pero fui importante en ese campeonato. Hice 7 goles y fue casi soñado en el regreso ser campeón a los seis meses”.

Mauricio Molina, ex-Medellín

Raúl Giraldo: “Le han dado muy duro, pero las intenciones han sido buenas. Se ha construido un cambio, por lo menos tenemos una sede. Cuando volví en el 2016, encontré el mismo club que cuando me fui: no teníamos sede, teníamos que esperar hasta las 11:00 de la noche a que nos llamaran a ver en dónde habían conseguido una cancha para entrenar. Ya por lo menos el club tiene sede, camerinos, cancha y se empezó a sembrar algo. Son cosas que hay que valorar”.

¿Siempre fue del Rojo?: “La historia de su niñez uno no tiene cómo cambiarla, sucedió así, pasó así y yo vivo muy agradecido de haber crecido entre Nacional y Medellín. Yo soy de una familia de locos por Medellín, mi abuelo, mi papá, mis tíos. Crecí con banderas, yendo al estadio. Mi papá era loco por el equipo, de las personas más apasionadas que he conocido por un equipo. Yo reafiebrado por el fútbol desde que estaba muy niño. En 1990, algo así, él trabajaba en la Contraloría General de la República y una de las personas que trabajaba allá era el jefe de recogebolas de Nacional. Le dijo: ‘Mi hijo quiere ser futbolista profesional. Quiero que tenga la oportunidad de estar ahí, si me lo podés meter’. Pasé a ser recogebolas de Nacional y vi el título de 1991.

Cuando fui profesional y me fui para Envigado, lo único que quería era jugar en uno de los dos equipos de mi ciudad, el sueño de todo niño. El primero que mostró interés fue Nacional, se cayó la operación por la lesión y pasé a Medellín. No estoy de acuerdo con eso de que es más fácil cambiarte de sexo que de equipo. La historia de cada persona es tan diferente, cómo vive su niñez, no te podés encasillar. Yo rehincha de Medellín toda la vida y de 10 años me meten cerca de René Higuita, Víctor Aristizábal… Yo amante del fútbol, queriendo ser jugador profesional, cómo no vas a sentir cariño por todos”.

Mauricio Molina ídolo bicampeón Deportivo Independiente Medellín

Lo que significa ser ídolo: “Mi abuelo se murió y no pudo ver al Medellín campeón, eso es un dolor que me quedó en el alma. Ver esa historia y ver una generación que no había sido campeona, yo verme ahí metido y haciendo un gol en Pasto. ‘Uy, Mao Molina ayudó a cambiar la historia’. Es una cosa demasiado loca, no te lo alcanzás a imaginar, pasás por un montón de cosas en tu vida cuando estabas pequeño y meterte en la cabeza que ayudaste a cambiar esa historia… Esa sensación es muy bacana y muy gratificante. Da un sentido a la vida, se da uno cuenta que está pasando por esta tierra dejando algo, siendo recordado. Pasar a la historia de un club con tantos años, con una afición tan enferma, tan loca y apasionada por su equipo, para mí eso tiene un valor inmenso. Hay cosas que son muy marcantes en la vida y que son difíciles de olvidar, el amor de la gente le da un sentido a la vida y no está mal expresar el sentimiento”.

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